domingo, 5 de abril de 2015

Pascua Lunar y Resurrección Solar - Serie Simbólica 28



En las tradiciones solares las celebraciones se corresponden con los puntos de los solsticios y de los equinoccios. En el caso de la denominada pascua cristiana, se la suele identificar con el equinoccio de primavera del hemisferio boreal. Sin embargo, la fecha de celebración, que en principio fue asimilada de la tradición hebrea, implica un cálculo de cierta complejidad, en el que se combina el equinoccio primaveral con las fases de la luna. Este cómputo, no es para nada caprichoso (como sostienen algunos) sino que encierra un importante simbolismo, sobre el cual nos permitimos arrojar alguna que otra luz.


Tanto la tradición judía como la islámica, son lunares. Ambas se marcan por el ciclo nocturno, cuyo potencia y regencia las constituye la Luna y no el Sol. Por lo tanto, el calendario judío se rige por las fases de la Luna en vez del paso del Sol. Se supone, que la resurrección ocurrió el décimo quinto día del mes hebreo de nisán, que en ese año debería haber caído en día domingo. Resulta complejo determinar si realmente tal fecha fue efectivamente un día domingo. No sólo por la variación de calendarios, sino porque la determinación histórica de la fecha del supuesto nacimiento de Jesús de Nazaret no ha sido concluyente, y tampoco la de su muerte. Pero, la idea de tradición solar se ve en la elección del día domingo, que es el día atribuido al Sol en casi todas las tradiciones de occidente. Este detalle no es menor, ya que se nos pretende indicar - por medio de esta coincidencia particular de la pascua judía con el día domingo - que en el cristianismo lo importante no es la Luna, sino el Sol. Ya en el año 194, el papa Víctor I observó la conveniencia de abandonar el calendario lunar hebreo para celebrar la pascua y reconocer la importancia simbólica de que la resurrección haya ocurrido el día del Sol, ya que el pesáj, o pascua judía, podía caer en cualquier día de la semana.

Sin embargo, como veremos más adelante, no debía dejarse de lado la influencia del plenilunio en la resurrección y, además, era necesario vincularla al equinoccio de primavera, metáfora de la regeneración y de la fertilidad en las tradiciones solares. Así se lo entendió en el concilio de Nicea, celebrado en el año 325, donde se decretó que la semana santa, o pascua cristiana, se debía establecer en base al equinoccio de primavera, abandonando totalmente el calendario lunar hebreo. Como consecuencia de esto, y salvo excepciones, la pascua cristiana se celebra en el domingo siguiente al primer plenilunio posterior al solsticio de primavera.

La evidencia de que el primer plenilunio del solsticio de primavera representa el paso o pasaje de la Noche de los Tiempos (tradiciones lunares) al Sol Invictus (tradiciones solares), se encuentra bien establecida en el simbolismo. No sólo por las constelaciones, donde el carnero de Aries figura al campeón o deidad solar, o a su poder ígneo y espiritual, como sucede en el mito del Vellocino de Oro; sino también, en las mismas representaciones herméticas de la Gran Obra. Basta observar la secuencia que constituyen los arcanos XVIII y XVIIII del Tarot. En el primero, la Luna o principio femenino, se encuentra ocultando los rayos solares. Las gotas del rocío alquímico caen del cielo, mientras una langosta, que representa el alma caída, parece querer emerger de las aguas y atravesar la celosa guardia de los chacales y de las torres en el fondo del paisaje. Existe una evidente correspondencia entre el grabado y lo relatado en el Éxodo sobre el episodio del cruce del Mar Rojo hacia la Tierra Prometida. Es precisamente el pesáj, o pasaje, que conmemora el judaísmo en la pascua. En la carta siguiente, la Luna se ha ocultado y el Sol reina en el cielo. Dos gemelos representan la unión de los opuestos enfrentados (los lobos y las torres del arcano anterior), y el rocío ahora se evapora, mientras la atmósfera se aclara bajo el sol primaveral. Además, el Sol ha sido siempre el signo del Mesías, razón por la cual, tanto el islam como el judaísmo, se identifican con la Luna.

La pascua cristiana esta vinculada, por su naturaleza, a la Resurrección del Sol, que durante las largas noches invernales cede la supremacía a la Luna sobre el horizonte. El equinoccio de primavera, marca el momento astronómico donde las horas de luz y de tinieblas poseen la misma duración. Y a partir de allí, el astro rey comienza a prevalecer sobre la Luna. La naturaleza, se beneficia de su poder fructificador y todo renace en ella.

Sin embargo, no podemos quedarnos en estos sucesos astronómicos, ya que ellos son sólo analogías de los procesos que ocurren en nuestro mundo interno. Si la Luna es la Noche, entonces representa al Sueño de la Caída. El hombre individual yace dormido en la materialidad, tal como se encuentra Endimión atrapado en su caverna, fascinado por el influjo astral de Selene. La llegada del Sol, simboliza la Aurora, el Alba. Es el despertar a la Vida Espiritual. Por lo tanto, la pascua cristiana, implica la purificación del Alma Humana, el Despertar de la Consciencia y el Renacer del Hombre Nuevo en nuestros Corazones.


PASCUAS 2015


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