jueves, 29 de mayo de 2014

El Oratorio - Serie breve 11



Habiendo explicado en otro artículo la operatividad martinista de forma general, corresponde ahora ocuparnos de lo individual. Para ello, debemos adentrarnos en el oratorio, que es para el martinista su lugar de trabajo. Es en éste recinto íntimo, donde se presentarán todas las etapas de la vía. Allí se define la eficacia del martinismo. No se puede ser martinista sino no se practica en el oratorio. Porque los medios de la realización espiritual se operan en él. El oratorio es algo íntimo y secreto. Resulta personalísimo. En él se develan los misterios. Es el templo de los mitos y leyendas. Todas las alegorías sobre el lugar sagrado y el eje del mundo, le hablan al martinista de su oratorio.

Los trabajos colectivos en el martinismo constituyen el soporte para la instrucción, las iniciaciones y el refuerzo de la cadena de unión. Tienen su importancia, sobre todo, para la transmisión de la iniciación. Ya que se requieren al menos dos personas: el maestro y el discípulo. La iniciación se otorga de manera presencial. Sin embargo, en algunas corrientes hay rituales para autoiniciarse, cuando no se puede acceder a una trasmisión de boca a oído  Esto es más bien la excepción, porque la mayoría de los grupos exigen la iniciación cara a cara y sólo reconocen a los iniciados que así la han recibido.

Más allá de la iniciación, debemos decir que las operaciones de la vía ocurren en el oratorio y no en los ritos colectivos. El martinista trabaja en su propio espacio sagrado, y debe ponerse ante la Presencia Divina en la intimidad de su Templo Particular. Los trabajos colectivos de ninguna manera suplen el oratorio. Más bien, lo complementan y refuerzan. Pero no son necesarios, salvo para la trasmisión. Por lo cual, lo más interesante del martinismo no ocurre en los trabajos colectivos, sino en el oratorio, donde cada iniciado se sumerge a diario para realizar sus ejercicios.

¿Cómo está constituido este espacio de trabajo espiritual? En la mayoría de los casos es mas bien algo sencillo: una mesa, un par de luminarias, un mantel, un símbolo y un incensario. Los hay todavía mas simples y los hay mas complejos. El oratorio no necesita de un lugar físico exclusivo. Puede armarse, y luego de la practica, desarmarse. Incluso, en ciertas escuelas, muchas veces es operado internamente y no se requiere, básicamente, ningún soporte material. En estas circunstancias, los elementos o bien son visualizados por el operador; o bien el operador ya ha avanzado lo suficiente como para activar directamente lo que estos elementos simbolizan sin su presencia. El profano puede hacerse una idea mejor acerca de estos oratorios inmateriales, si tiene en cuenta que, tal como lo señala Saint Martin, el único Templo que la Divinidad puede habitar se encuentra en el Corazón del Hombre. Los demás templos exteriores siempre estarán desprovistos de la Presencia Divina y no son más que la representación de éste Templo del Corazón, que es el único espacio verdaderamente sagrado en éste mundo.

Las operaciones mas comunes suelen abarcar la meditación, la oración y algunos breves rituales. Como vemos, la sencillez suele ser el denominador común a pesar de las variadas corrientes. En el oratorio, un martinista no opera sólo. Se conecta con la cadena de iniciados y los maestros pasados. Hay una vinculación sutil, que le permite sumergirse en la vida colectiva del coro de iniciados. Es a través de esta experiencia, que traspasa los límites de su individualidad y puede alcanzar la Regeneración.

Nadeo

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